¿Por qué la comida de la Universidad es la mejor? La historia de Valeria

Valeria llegó a la Pontificia Universidad Católica del Ecuador desde otra ciudad, con una mezcla de emoción y miedo. No conocía a nadie y, aunque le gustaban sus clases de Arquitectura, sentía que algo le faltaba: no se sentía en casa.

Todo cambió un día cualquiera, cuando decidió almorzar en el campus.

Entró al restaurante de la universidad. Era grande, con innumerables mesas, y cada quien estaba en lo suyo: algunos conversaban, otros reían, otros simplemente comían en silencio.

Al principio, Valeria pensaba que la comida universitaria sería como en cualquier lugar: rápida, sin sabor, solo para salir del paso, como la comida rápida que muchas veces se encuentra fuera.

Pero mientras esperaba su turno, empezó a fijarse en algo distinto… la gente se quedaba más tiempo, compartía, repetía sus platos favoritos.

Y pensó:

¿Y si la comida no era solo comida?

De pronto, el ambiente le pareció cálido, como si, de alguna forma, estuviera en casa.

Pidió un almuerzo completo que costaba tres dólares. Le pareció un buen precio, sobre todo por la calidad y la cantidad. Además, notó que el plato es equilibrado, nutritivo y preparado para realmente alimentar.

Pero cuando probó el primer bocado, se detuvo un segundo.

El sabor le resultaba familiar.

No era exactamente como el de su casa, pero le recordó a su infancia, a los almuerzos tranquilos, a los momentos sin prisa.

Desde ese día, empezó a ver ese lugar de otra forma.

Poco a poco, se fue quedando más tiempo. Empezó a hablar con gente, a conocer estudiantes de otras carreras como Psicología Clínica, Contabilidad, Comunicación y Economía. Entre conversaciones y risas, dejó de sentirse sola.

La comida ya no era solo comida… era un momento que empezó a disfrutar.

Con el tiempo, Valeria entendió que no era solo el sabor lo que hacía especial ese lugar, sino todo lo que pasaba alrededor como la compañía, las historias, el sentirse parte de algo.

Porque cuando estás lejos de casa, a veces no necesitas mucho… solo un pequeño momento que te haga sentir que perteneces.

Hoy, cada vez que entra al comedor, ya no va solo a comer. Va porque sabe que ahí se siente bien.

Y sin darse cuenta, la PUCE ya no es solo su universidad.

Es su hogar.

Un lugar al que siempre puede volver.

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