Ricardo llega a la PUCE con una misión clara: sobrevivir con 2.50 dólares en el bolsillo. No es el único. Según los datos, una buena parte de estudiantes se mueve entre los 2$ y 3$, aunque el grupo más grande (39%) ya apunta a los 3$. Pero Ricardo no, él está en modo ahorro extremo.
A la hora del almuerzo, el panorama no ayuda mucho. La mayoría (40%) come en el restaurante de la universidad, mientras otros optan por comida rápida (26%) o llevan algo de casa (22%). Ricardo mira todo eso desde lejos, como si fuera un lujo inalcanzable.
Empieza su recorrido. Primero piensa en hamburguesas, pero quedan fuera del presupuesto. Luego ve los almuerzos de cafetería, que son los más populares (23 personas los prefieren), pero tampoco le alcanzan. Su mejor opción aparece casi como revelación: el famoso “sánduche de dólar” (21 personas lo eligen). Dos de esos y todavía le sobra para una bebida pequeña.
No es la comida más completa, pero cumple su objetivo: no morir de hambre. Mientras se sienta en una banca, Ricardo entiende algo importante: en la universidad, comer no siempre es cuestión de gusto, sino de estrategia.
Y así, con 2.50$, sobrevive un día más.











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