María Samaniego, es estudiante de 19 años de la carrera de Arquitectura en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. María cuando se encuentra en la universidad, debe de pensar en su almuerzo, nunca lleva almuerzo desde casa pero sus padres le otorgan un presupuesto diario de 3 dólares para su comida y cada mediodía debe de decidir que comer en la universidad.
Al llegar a la cafetería central, María se enfrenta a un dilema: muchas opciones cuestan más de lo que tiene diariamente. Luego de echar un ojo al menú de la cafetería María decide ordenar algo sencillo, un plato de arroz con pollo y un jugo de tomate de árbol que solo le costó 3 dólares porque el almuerzo completo costaba $3.50, un precio que se excedía levemente. Mientras degusta su almuerzo, observa como otros estudiantes pueden darse el lujo de degustar algo más elaborado, incluso delicioso. La frustración es grande en ella, no le parecía justo que ella solo tenga como presupuesto 3 míseros dólares pero sabía perfectamente que debía de administrar bien su dinero y la cara de frustración se desvanece de su rostro.
Al finalizar su almuerzo, María recoge sus platos sucios, los deja en la estación de limpieza y sale satisfecha con una sonrisa genuina. Ese día aprendió una valiosa lección «Se puede aprovechar al máximo presupuestos de 3 dólares y continuar el día de la mejor manera posible» Cada pequeño sacrificio la hace valorar más el dinero, la hace sentir más independiente y capaz.











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