Con hambre y 3 dólares

Alejandra, de 19 años, es una estudiante de la carrera de Arquitectura en la PUCE. Al igual que sus compañeros, vive corriendo entre clases, trabajos y entregas de tareas. Pero cuando pasa de mediodía el hambre llega y se enfrenta diariamente a una decisión difícil: qué comer con el poco presupuesto que tiene.

El problema es claro: el presupuesto, que es limitado y condiciona cada decisión. Comer bien, variado y saludable no siempre es una opción real; más bien se trata de encontrar algo rápido, accesible y que se ajuste a su presupuesto.

Las opciones están allí, repartidas entre cafeterías, locales de comida rápida o pequeños puestos más económicos, Algunos optan por un almuerzo más completo cuando puede, otros prefiere lo más barato para ahorrar unos centavos, y hay quienes llevan comida desde casa para evitar gastar. También están los que, simplemente, no comen durante su jornada. No porque quieran, sino porque no siempre puede.

Alejandra lo ha pensado más de una vez; comer algo rápido y barato o aguantar hasta llegar a casa. Al final, termina comprando un almuerzo en la cafetería. No es lo más le gusta, pero es lo que puede pagar. Como ella, decenas de estudiantes toman decisiones similares cada día. No se trata de comida, sino de lo que implica: tiempos, dinero, salud y energía para seguir estudiando.

Esta no es solo la historia de Alejandra. Es la historia de una generación que aprende a sobrevivir con presupuestos ajustados, donde cada dólar cuenta.

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