En la cafetería universitaria, el almuerzo se convierte en una decisión marcada por el dinero más que por el gusto. Entre filas largas y cuentas ajustadas, los estudiantes comparten una rutina silenciosa donde comer es resistir. Más que alimentarse, es aprender a seguir adelante con lo poco que hay.
Una crónica narrativa que, a través de la experiencia de Valeria y Carla, muestra cómo la comida universitaria no solo alimenta, sino que también aporta nutrición, ahorro, compañía y sentido de pertenencia en estudiantes de 18 a 23 años.