Camila tiene 19 años, se encuentra en el rango de edad mas común de los estudiantes, ella estudia arquitectura en la PUCE, ella vivía con tres dólares al día para comer. Al igual que la mayoría de varios estudiantes encuestados, ella prefería comer en un restaurante o lugar externo, pero a veces simplemente no se puede. Había aprendido a elegir siempre lo que más le llene, lo más barato, lo que le “alcance”.
Sus hábitos alimenticios no nacieron porque si, desayunaba poco o nada para guardar hambre para el almuerzo, porque sabía que ese sería su único plato completo del día.
Ese jueves, sin embargo, todo se complicaba. Tenía una prueba en menos de una hora, y no podía llegar tarde, ya que si se pasaba un solo minuto de la hora de entrada su profesor cierra la puerta y Camila se quedara sin calificación.
Su estómago llevaba rato vacío. Su cabeza, en cambio, estaba muy cansada.
Camila estaba decidida a comer algo ese día, decidió por un momento priorizar su estómago, pero también su cabeza.
-Si no como, no pienso bien- se dijo, acelerando el paso hacia la cafetería, manteniendo una esperanza de que esta estuviera vacía para así poder comprar rápidamente su comida e irse.
La cafetería estaba llena. Como siempre a esa hora -debí ir a comer algo afuera- se dijo, sin pensar en los precios excesivos. El tiempo le jugaba en contra, su prueba empieza a las 12:30, Camila mira su reloj y este marca las 12:10, de los que depende su calificación, su hambre y su estrés.
Miró el menú del día. Arroz, menestra y pollo.
Delante de ella, una chica parece estar indecisa, no sabe que ordenar de la amplia gama de ítems que ofrece la cafetería, es el turno de la chica y Camila empieza a desesperarse.
12:15.
Camila tiene que aguantar nerviosa ver como la persona que está al frente de ella cambia de menú y no es capaz de quedarse con una sola cosa, a la hora de pegar ocurre de todo, intenta pagar con la aplicación, no puede ingresar a ella por un error extraño, cambia de método e intenta pagar con efectivo, este se le cae al piso y debe recogerlo. El reloj sigue avanzando y Camila piensa en irse y aguantar el hambre, hasta que por fin, es su turno de ordenar.
12:21.
Finalmente llegó su turno.
No había tiempo para un almuerzo, ordenó un sándwich el cual podía ir comiendo en el camino, su presupuesto era de solamente 3 dólares, al igual que le presupuesto de la mayoría de los estudiantes de la PUCE.
Mientras comía, corría.
12:28.
Sintió el peso de todo, el hambre, el estrés, el tiempo encima.
Pero también sintió algo más profundo, una resignación silenciosa que muchos a su alrededor compartían, aunque nadie lo dijeran.
Finalmente, llego al aula con un minuto de sobra, terminó su sándwich, se sentó aliviada sabiendo que logro llegar y además pudo comer, todo ese estrés valió la pena. Su profesor llego y era momento de sufrir otro tipo de estrés similar al de tener que comer.














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