Aplicación de estrategia 9

¿Por qué la comida de la Universidad es buena? La historia de Valeria y Carla

A las 12:40, antes de que el campus de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador se llene por completo, Valeria y Carla entre, 18 y 23 años, ya están sentadas en una de las mesas del restaurante. El cuaderno de Valeria está abierto frente a ella, pero su mirada se detiene en el reloj más que en las páginas.

—Tengo hambre, pero no mucho dinero —susurra—. Además, nuestro profesor de Arquitectura dijo que la comida del restaurante es buena y variada.

—Vamos a almorzar —responde Carla, levantándose con una sonrisa.

Juntas se acercan a la fila. Apenas hay unos cuantos estudiantes, y el murmullo del lugar se mezcla con el aroma del arroz recién cocido y el sonido de las charolas al chocar suavemente.

—Tres dólares. Eso cuesta el almuerzo—dice la cajera.

Primero, para ellas, es un precio accesible. Les importan la calidad y la cantidad.

Se asientan.

Segundo, el plato es sencillo, pero suficiente. Arroz, proteína y algo de ensalada. Incluye la bebida de frutas naturales y postre. La percepción de que la comida también se percibe como nutritiva, lo que la hace aún más valiosa.

Empiezan a comer.

Tercero, el tiempo también influye. No salir del campus ni hacer filas externas permite optimizar la jornada académica. La practicidad se convierte así en otra razón relevante.

Cuarto, es uno de los lugares donde se puede hablar de todo, así como las clases, de entregas, de lo difícil que se hace a veces. Y, sin darse cuenta, ese momento reduce el estrés y peso del día. Funciona como una pausa necesaria.

Quinto, alrededor, otros estudiantes hacen lo mismo. Conversan, comparten mesa. La comida se transforma en un espacio social, no solo individual. No hay soledad ni exclusión.

Sexto, con el tiempo, el espacio se vuelve rutina. Siempre hay una hora, una mesa, un encuentro.

Séptimo, el sabor no es exactamente como en casa. Pero se acerca. Lo suficiente para despertar recuerdos y generar una sensación de familiaridad, especialmente en quienes están lejos de su hogar.

Octavo, Valeria mira a Carla. Carla se queda un rato más. Ya no es solo coincidencia. Es costumbre. Es pertenencia.

Noveno, al final, no se trata solo de lo que hay en el plato. Se trata de todo lo que pasa alrededor. De cómo un almuerzo sencillo puede sostener el día, el ánimo, incluso una amistad. Y en ese gesto pequeño, casi invisible, dos estudiantes compartiendo comida dentro del campus, aparece algo más grande.

Nueve formas de entender que la comida universitaria no solo alimenta: accesibilidad económica, valor nutritivo, optimización del tiempo, reducción del estrés, función social, construcción de rutina, conexión emocional, sensación de familiaridad y generación de pertenencia.

Deja un comentario