Comer en la PUCE: rápido, barato ¿y suficiente?

Aplicación de la estrategia 24: Es más el cómo que el qué

Son las 13:00 y entre apuntes, trabajos y el cansancio acumulado llega el momento más crítico del día en la PUCE. Andrea, de 18 años y Eliana de 23, salen juntas de clase. No es una pausa para descansar, es el inicio de una pequeña batalla cotidiana.

El mostrador de la cafetería: el escenario de la 'búsqueda' diaria. Aquí, una gran parte de los estudiantes encuestados debe decidir entre rapidez y salud a la hora de escoger su comida.
El mostrador de la cafetería: el escenario de la ‘búsqueda’ diaria. Aquí, el gran parte de los estudiantes encuestados debe decidir entre rapidez y salud a la hora de escoger una comida.

Se detienen en los pasillos, revisan sus mochilas, cuentan las monedas que les quedan y miran el reloj, llevan varias horas en la universidad y apenas tienen unos minutos antes de la siguiente clase. La decisión de qué comer hoy no pasa por el antojo, está estrictamente dictada por el presupuesto. Como la gran mayoría de sus compañeros, cuentan con apenas tres dólares o menos para resolver su almuerzo.

Andrea sugiere ir a los locales del campus, buscando ser parte de ese 40% de estudiantes que logra consumir alimentos dentro de la universidad. Las opciones a ese precio, sin embargo, se reducen a hamburguesas o sánduches económicos, no porque sean sus platos favoritos, sino porque son las alternativas que están al alcance del bolsillo. Eliana en cambio se plantea la otra cara de la moneda, duda si es mejor guardar ese dinero, engañar al estómago y aguantar el hambre un par de horas más hasta llegar a casa, una realidad que muchos estudiantes repiten a diario.

En este contexto la comida deja de ser una necesidad fisiológica básica y se transforma en un reto de supervivencia académica. Si una alimentación adecuada influye directamente en el rendimiento, la falta de opciones accesibles pone a los jóvenes en desventaja.

rendimiento, la falta de opciones accesibles pone a los jóvenes en desventaja.

Al final la búsqueda de hoy termina con una victoria a medias, Andrea y Eliana eligen lo más barato que encuentran en la cafetería. Comen rápido, masticando contra el reloj antes de tener que volver a las aulas. Mañana a las 13:00 el timbre volverá a sonar y con los mismos tres dólares en el bolsillo, su búsqueda volverá a empezar.

Los hechos de este relato se sustentan en una encuesta realizada a 89 personas en la PUCE, la cual evidenció que el presupuesto promedio es de tres dólares, que el 40% come en el campus y que algunos prefieren no almorzar. Para llevar estos datos al storytelling, se aplicó la Estrategia 24 : Es más el cómo que el qué, del libro El arte de contar bien una historia de Héctor Urién. Tomando una cita de Borges que se ejemplifican en el libro, la historia se estructuró bajo el arquetipo de «la búsqueda». Se demuestra así que no importa si la historia es cotidiana y predecible (buscar qué almorzar), el impacto recae en cómo se cuenta, transformando cifras frías en la pequeña batalla diaria de dos personajes con los que la audiencia puede conectar emocionalmente.

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